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Buenos Aires, 16 agosto (NA) - La dramática baja de la natalidad en el mundo, y entre nosotros en particular, nos enfrenta a un fenómeno multicausal. A la realidad general se suma la situación específica de cada país y su contexto.

Nuestros datos son alarmantes: numerosas publicaciones se hicieron eco de un informe difundido por el área de Salud, según el cual los nacimientos se redujeron cerca de un 50% en apenas diez años, pasando de aproximadamente 777.000 en 2014 a 413.135 en 2024.




APORTES DE LOS ÚLTIMOS PAPAS

El magisterio del Papa Francisco abordó la temática de la familia en la exhortación postsinodal “Amoris Laetitia” (“La alegría del amor”), publicada en 2015. Allí releva la situación crítica de las familias. En los números 43 y 44 trata las dificultades que afrontan por el escaso apoyo de las instituciones, especialmente del Estado. También señala la falta de trabajo y las duras exigencias del mercado laboral en materia de desplazamientos y horarios, que dificultan la estabilidad familiar y la creación de condiciones para recibir nuevos hijos.

Atendiendo a la situación de otras familias más favorecidas, Francisco fue contundente al relacionar la crisis demográfica con el consumismo y el individualismo. Llegó incluso a cuestionar la sustitución generalizada de hijos por mascotas tratadas como tales.

El papa León, el pasado 25 de mayo, pronunció un interesante discurso ante los miembros del intergrupo sobre demografía del Parlamento Europeo. Allí expuso tres puntos relevantes para el diálogo sobre cómo afrontar la crisis de natalidad:

1. Fomentar la solidaridad y el equilibrio intergeneracional. Esto implica restaurar el vínculo en el que los hijos sean considerados prioritarios para la sociedad, para su vida y su fecundidad.
2. Defender la centralidad de la familia y aplicar la subsidiariedad. Se trata de evitar tanto la excesiva intervención estatal como el individualismo radical, promoviendo una responsabilidad común en la que las familias tengan un papel activo en la vida social, política y cultural.
3. Dotar a los jóvenes de instrumentos materiales y culturales para afrontar el futuro. El Papa criticó las políticas contradictorias que dicen apoyar a las familias mientras discriminan la maternidad o socavan el deseo de formarlas. Esta época de drástica esterilidad se debe no solo a que muchos han sido privados del derecho a nacer, sino también a que no se han transmitido los recursos materiales y culturales que los jóvenes necesitan para enfrentar el porvenir. Surge entonces la pregunta: ¿cómo y desde dónde formamos a nuestros jóvenes?

Para nosotros, y en relación con el egoísmo y el consumismo juvenil, es necesario detectar las causas estructurales, visibilizar los miedos y las inestabilidades. En el ámbito de nuestra propuesta específica, debemos fortalecer los espacios de discernimiento, reflexionar sobre los condicionamientos y repensar categorías como fecundidad y apertura a la vida.




DESAFÍOS SIGNIFICATIVOS

Solidaridad estructural
¿Qué tipo de solidaridad estamos construyendo para que la maternidad no sea percibida como una carga o una pena? Dado que el 92% de las mujeres argentinas señala la inestabilidad económica como el principal obstáculo para ser madres, el diálogo social debe ir más allá de la moral individual.

Esperanza juvenil
¿Estamos brindando a los jóvenes los principios e instrumentos reales para superar el miedo al porvenir? El invierno demográfico no es solo una falta de nacimientos, sino también un síntoma de la pérdida de esperanza y de una pandemia de soledad.

La pregunta clave es si, como sociedad, estamos proporcionando los recursos materiales y culturales que permitan a los jóvenes responder con valentía a la cuestión: ¿Qué tipo de mundo queremos dejar?

Agencia NA