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Se fue a los 15 años para jugar en Atenas y, cuatro años después, San Isidro lo trajo de regreso a San Francisco. Tiago Tomatis disfruta de sus padres, de su novia y de sus amigos mientras busca ganarse un lugar. Enfrente tendrá a El Ceibo, el club donde se formó y del que su papá, Matías, es dirigente.

A Tiago Tomatis le preguntan por qué está contento y enseguida habla de su familia. Tiene ganas de que empiece la Liga Argentina, de jugar y de ganarse sus minutos en San Isidro. Pero hay algo que está disfrutando desde antes del primer partido: volver a casa y encontrarse con su mamá y su papá.

“En Córdoba, si bien tenía muchos amigos, estaba mucho más solo, vivía solo. Estar acá, ir a mi casa, estar con mi papá y mi mamá, creo que no se negocia por nada en el mundo”, cuenta en la charla con DIARIOSPORTS.

Se fue de San Francisco a los 15 años para seguir su formación en Atenas. Pasaron cinco años y el básquet le dio la posibilidad de regresar. Con otras experiencias, con responsabilidades nuevas y con ganas de recuperar esas cosas cotidianas que durante un tiempo quedaron reservadas para alguna visita o unos días libres.

“Volver a estar con mi familia en el día a día me pone muy contento, me hace feliz. Me gusta estar con mi familia, con mi novia, pasarla bien con mis amigos”, dice.

Después de vivir solo, regresar a la casa de sus padres podía requerir una adaptación. Tiago, sin embargo, no se detuvo demasiado en eso. Tenía claro qué era lo que quería volver a tener cerca. “Me fijé solamente en el lado bueno, que era volver a disfrutar con ellos. No sé por cuánto tiempo voy a poder disfrutar esto. Hoy me toca estar acá, a lo mejor otro día me toca estar allá, y estoy disfrutando el día a día”.

En la mesa familiar se pregunta cómo estuvo el entrenamiento, aunque el básquet no ocupa toda la conversación. También están los abuelos, el trabajo de sus padres y las cosas de todos los días. Tiago se define como “bien mamengo” y habla con naturalidad de la confianza que tiene con los dos. “Soy muy compañero de los dos”, resume.

Su papá es Matías Tomatis, el histórico goleador que hoy integra la dirigencia de El Ceibo. El mismo club donde Tiago dio sus primeros pasos y al que ahora deberá enfrentar con la camiseta de San Isidro en la Liga Argentina. La situación tiene su particularidad, padre e hijo compartirán la mesa de siempre, pero estarán de lados distintos cuando se juegue el duelo de la ciudad. Tiago reconoce que, al llegar al Rojo, tuvo alguna inquietud por cómo podían tomarlo quienes habían sido sus compañeros.

“Estaba la duda mía, más que todo, de cómo se lo toman mis excompañeros. Después, cuando lo ves de ese lado, es mi trabajo. Voy a defender los colores de San Isidro y estoy feliz acá”, explica. Fuera de la cancha, los vínculos siguen en su lugar. Lo cuenta al recordar los abrazos con su mejor amigo, Matteo Blengini, hoy rival en El Ceibo. Con su papá también hubo charlas y, por supuesto, cargadas. Después de los amistosos entre ambos equipos, del otro lado le avisaron que se estaban preparando “para los puntos”.

No hay apuestas sobre quién hará el asado o levantará la mesa luego de los clásicos oficiales. Por ahora, alcanza con las bromas y con una idea que Tiago les transmitió a los suyos: “Es lo que le dije a mi papá: disfrútenlo. Que me puedan ver ahora cerca, disfrútenlo en el día a día”.

El regreso también llegó en un momento en el que necesitaba jugar más. Estaba cómodo en Atenas, pero quería buscar minutos. Por eso, cuando apareció San Isidro, la decisión fue rápida. “Cuando me llama San Isidro, ni lo dudo. No me lo esperaba, pero lo tomo con tranquilidad. Vengo a hacer lo que sé hacer, sabiendo que soy un juvenil que tiene ganas de jugar y ganarse los minutos”.

Tiene presente que sigue en formación. Eso no le quita intención de asumir responsabilidades cada vez que le toque entrar. Hay un consejo de su papá que aparece cuando habla de ese lugar que pretende construir: respetar, sí, pero entrar a jugar. “No me siento cómodo metiéndome en un costadito. Yo me siento cómodo jugando. Vine a jugar, sabiendo que soy un juvenil”, sostiene.

Después de una pretemporada que se le hizo larga, espera el comienzo de la competencia con un objetivo compartido por el plantel: pelear por el ascenso. En lo personal, prefiere hablar de lo que puede darle al equipo antes que de números. “Si me toca entrar a defender, entrar a defender. Vengo a aportar de lo que me toque”, asegura.

Mientras busca ese espacio, Tiago disfruta de algo que conoce desde chico y que hoy valora de otra manera: tener cerca a los suyos. Poder conversar con su mamá, escuchar un consejo de su papá o encontrarse con sus amigos sin depender de un viaje desde Córdoba. El básquet lo había llevado lejos a los 15 años. Esta vez, lo trajo de vuelta.